Resistiendo el paso del tiempo, Shalimar

Shalimar( 1925) en versión de Eau de Parfum resiste muy bien el paso del tiempo. Es evidente que de lo que era a lo que es ha pasado por muchos cambios. Los componentes que se utilizaban en la fórmula original actualmente no osaríamos utilizarlos. Adaptado a los conocimientos de nuestra época Shalimar sigue siendo hoy un peso pesado de la perfumería y a la versión actual me atengo para analizarlo.

Jacques Guerlain lo creó inspirándose en la historia de amor de Arjumand Bano Begum para quien construyó el Taj Majal su esposo. La etimología de Shalimar es incierta. Parece ser de origen persa o árabe.

La salida es muy compacta destacándose un tono ligeramente medicamentoso. En seguida empieza a dulcificarse y se aprecia pimienta. Mientras el efecto de la salida parece hundirse en la fragancia una vainilla seca, con un acorde cítrico en el que domina la bergamota, empieza a sobresalir. La vainilla está trabajada en forma de tintura por lo que aporta muchos matices y enriquece la fórmula creando un medio en el que el haba tonka va a desarrollarse a lo largo de la composición. Un rastro de polvo recorre la impresión.
En la época en que se creo era normal que un perfume estuviera formado por varios cientos de componentes. En este caso creo que hay nuez moscada y clavo.
El tono medicamentoso del inicio va dibujándose en un acorde leñoso. Una nueva fase, también muy compactada, da un giro floral al perfume en el que las notas de iris, probablemente responsables del acorde leñoso que remarcaran la vainilla y el haba tonka, junto a rosa, en su tono más meloso, y un poco de jazmín que redondea la mezcla, se unifican creando un acorde muy clásico que actualmente resulta algo retro. Hemos entrado en una fase de la evaporación que se mantiene continua, acentuando el conjunto floral las notas especiadas. El efecto polvo de la vainilla ahora es cálido y le hacen contrapunto unas suaves notas verdes consiguiendo una sensación de limpieza y nitidez.
La evaporación sigue su curso y en la fase final se sigue apreciando claramente la vainilla, ahora un poco más lactónica, suavizada por el olor amaderado del opoponax con notas como de barníz, una vuelta más de tuerca a un perfume que parece girar, capa tras capa, sobre si mismo.

Shalimar, cuando se mira despojado de los prejuicios con los que miramos a veces los perfumes antiguos, es una fragancia de una gran sensualidad. El amor que refleja la construcción del Taj Mahal y los Jardines de Shalimar no descuidan esta faceta de esta emoción que cuando es completa abarca todos los ámbitos de la existencia. Y a ellos no fue insensible Jacques Guerlain. Creo que Shalimar se disfruta perfectamente escuchando los solos de violín del ballet Scheherazade de Rimsky-Korsakov. Sensualidad, creatividad, oficio, conocimiento y sensibilidad para crear obras inolvidables.

 

 

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